viernes, enero 15, 2010

Ed Gein

Travestido con las pieles de mujeres evisceradas, Ed baila frenéticamente y aulla a la luna. Bajo la cubierta de lo que un día fue una vagina funcional, el pene de Ed crece, mientras, en su imaginación, la madre fallecida continúa gritándole, humillándolo.

Nunca habrá ya amor para el pobre Ed, ni amigos, ni alguien que lo abrace. ¿Podemos culparle por desenterrar cuerpos, por utilizarlos para saciar sus extrañas fantasías? Tan inocente como cruel: la bondad de un retrasado, la maldad heredada de una mujer diabólica. ¿Podemos culparlo por matar y desmembrar a las que le recuerdan a ella, su cruel torturadora, la única persona a la que pudo amar? ¿Podemos recriminarle su comportamiento, sus incomprensibles tendencias sexuales, habiéndolo amamantado una bestia?

En sus solitarias orgías nocturnas, cuando la luz de las estrellas ilumina los pellejos humanos pegados a su cuerpo, Ed es momentáneamente feliz. ¿Podemos culparlo por ello?

viernes, octubre 09, 2009

Lo que cuenta es el interior

Aquella joven tan atractiva debía tener a la fuerza un interior bello también. Manipulando un bisturí, cortó su vientre con cuidado, poco a poco. Como la chica estaba anestesiada no se movió. Recortó un gran cuadrado y levantó la piel con cuidado, desvelando su cara interior, húmeda y pegajosa. En efecto, las vísceras e intestinos de la joven, cubiertos de sangre de un fortísimo color rojo, eran verdaderamente hermosos. Acercó su rostro y los besó con cuidado, notando una fuerte erección. Su pasión le dominó totalmente entonces, y no se pudo resistir a volver a acercar su boca para dar un impetuoso mordisco. Desgarró la carne con sus dientes y masticó la viscosa masa con gran placer. Al hacerlo, la joven se quejó y removió ligeramente, sin duda debido al dolor que había sufrido aun estando dormida. Esto le excitó tan tremendamente que sacó su pene, y, con tan solo unas sacudidas, eyaculó sobre el vientre abierto.

Satisfecho, recogió sus cosas y se marchó al hospital a trabajar. Ahora que había saciado sus ansias podría operar sin sufrir una erección, o eso creía. De todas formas, si se veía con la necesidad de repetir, aquella chica probablemente seguiría viva cuando el cirujano volviera a casa.

jueves, octubre 01, 2009

Salvación

Tenía yo un mal día cuando me encontré con aquél hombre. Me sentía solo, triste, mi vida carecía de sentido, y ese tipo de aspecto sucio me ofreció algo: Abrazos Gratis, eso ponía en el gran cartel que llevaba colgado al cuello. En un momento difícil como en el que estaba me dejé llevar por su engañoso mensaje de falsa amistad, le abracé, pero en lugar de calidez sentí sus sucios pelos corporales recorriendo mi cuerpo como obscenas serpientes, y percibí con claridad su frío corazón bajo esa capa de aparente altruísmo exterior, totalmente falso. Sentí escalofríos, incluso creí escuchar la voz del Diablo que me llamaba desde alguna parte.

Aquella noche sentía picores y dolores por todo el cuerpo, me encontraba mal, vomitaba y me quedé ciego completamente. Cuando fui a ver al doctor él me dijo que había contraído dos peligrosas enfermedades contagiadas por contacto, estas eran Gonorrea Múltiple y SIDA Superior. Me dijo que eran mortales y que no había cura posible, que moriría en menos de una semana.

Con el corazón destrozado salí de la clínica, pero entonces alguien vino a mí, un hombre muy distinto del de los abrazos, un hombre santo. Me dijo que la cura para mí no estaba en la ciencia, sino en la fe, ya que mis heridas eran espirituales. Así, con los pasajes del libro sagrado que me mostró y con sus atenciones y consejos me curé. Mis enfermedades desaparecieron al sanar mi alma, y ahora soy un hombre nuevo, entregado por completo a mi Dios, mi auténtico salvador.

Después de aquello, mis nuevos hermanos creyentes y yo cogimos cuchillos y fuimos a buscar al profeta de Satanás, el de los abrazos gratis que contagiaba su peste. Le rajamos entre todos, le hicimos cortes por la cara y los brazos y por el cuerpo. Su maloliente sangre brotaba, portadora de la destrucción completa del alma del incauto, pero nosotros estábamos protegidos por nuestra fe en el Todopoderoso, y por mascarillas de médico y guantes de goma. Aquél demonio gritaba, intentándonos hacer creer que de verdad era un hombre, pero a nosotros no podía engañarnos, habíamos vencido a la Bestia. El privilegio y el honor de cortarle la garganta fue mío, y su negra sangre brotó entonces con mayor fuerza aún que en las otras heridas, como si se tratara de la eyaculación final que ponía fin a su coito con el Diablo.

Así, libramos al hombre de uno de sus peores demonios, y estoy seguro de que otras buenas personas, aun sin saber de nosotros, apreciarán el servicio que hemos realizado por ellas. Fue un gran paso en el camino hacia la salvación de la humanidad.

O al menos de la que merece la pena salvar.

jueves, julio 23, 2009

Descanso

Me pego un descanso de blog a modo de vacaciones veraniegas. Prometo que no será tan largo como otras veces, y cuando vuelva seguiré actualizando una vez cada 8 días. Que tengáis un buen verano, o lo que queda de él.

Edit: Siempre empiezo embalado y luego los últimos relatos de cada "tanda" los hago forzados y me gustan menos, tanto que los acabo borrando. Así pues, creo que lo que haré será publicar cuando me apetezca, sin intervalo regular alguno, y ya está.

sábado, junio 20, 2009

Solución rápida

Waylon y su hijo Bill estaban de caza. Se encontraban en lo más profundo de bosque, en el monte al que Waylon solía ir otras veces, aunque para Bill era la primera. Su padre creía que se convertiría en un verdadero hombre al matar un ciervo.
-Sssh. Silencio, hijo. Creo que tenemos uno allí delante. Agáchate.
Bill, excitado, se agachó junto a su padre tras una ancha roca, y asomó la cabeza por encima, para ver si vislumbraba al animal. Así fue, aunque se sorprendió, ya que no era como se esperaba. Carecía de pelo casi por completo, su carne era roja y brillante y en varios puntos tenía grietas de color verde, que expulsaban un líquido viscoso y amarillento. Más que su cornamenta, imponían sus enormes dientes manchados de sangre y sus ojos negros, muertos.
-Dios mío. Creo que es un animal enfermo, hijo. Deja que mate yo a este, acabaré con su sufrimiento.
Waylon se llevó el rifle al rostro y, tras unos segundos, apretó el gatillo, sorprendiendo con el estruendo al pequeño Bill. El ciervo recibió el proyectil en el lomo, pero no pareció afectarle lo más mínimo. Giró su rostro demoníaco hacia Waylon, y, en contra de su naturaleza, echó a correr hacia él, expulsando saliva por la boca abierta.

Lo que Waylon y su hijo no sabían, era que ese ciervo se había alimentado días atrás de unos residuos tóxicos abandonados descuidadamente en el bosque, lo que lo había transformado en lo que entenderíamos a todos los efectos como un ciervo zombie devorador de carne humana.

Volviendo a la escena que nos ocupa, el animal zombificado y sediento de sangre se arrojó sobre el padre, clavándole los dientes en el rostro y arrancándole la piel de la cara de cuajo, mientras emitía un antinatural gemido de ultratumba. En ese momento, las palabras que Waylon había emitido antes de disparar, que se habían estado repitiendo en la cabeza de su hijo, quedaban grabadas a fuego en la mente del chico.

El padre miró a Bill gritando, con sus ojos sin párpados y su boca sin labios, escupiendo sangre por las aberturas de los músculos de su cara, mientras el ciervo masticaba la jugosa y peluda piel. Entonces Bill, poseído por un instinto animal que en aquel momento le impedía sentir miedo o llorar, levantó su escopeta y disparó, con la suerte de acertar al monstruoso habitante del bosque en el cráneo, partiéndoselo en cientos de pedazos y provocando una explosión de sangre y sesos. El ciervo decapitado cayó a plomo sobre el suelo.

El despellejado Waylon se acercó a Bill, totalmente desquiciado, desesperado, pidiendo ayuda. Bill, a pesar de haber caído al suelo debido al retroceso, siguió sosteniendo su arma en alto, y casi sin que él quisiera, el cañón se introdujo en la boca de su padre. Decidió que, al igual que el animal, su progenitor merecía dejar de sufrir, así que apretó el gatillo una vez más, produciendo en la cabeza del hombre una explosión similar a la vista en la del ciervo. La parte inferior de su mandíbula fue lo único que sobrevivió al disparo, expulsando sangre en vertical a través de la garganta, generando un curioso efecto de surtidor. Waylon agitó de forma refleja todos sus miembros durante un segundo, antes de caer al suelo.

Aunque luego pasó mucho miedo, aquel día Bill comprendió el verdadero significado de la caza, y si alguna vez veía a otra persona o animal sufriendo, sabría lo que había que hacer.

viernes, junio 12, 2009

Una historia de fantasmas

Este relato mío ya ha sido publicado previamente en el juego de rol Bakemono, escrito por mí y publicado por Nosolorol Ediciones.

-Bueno, verás, ¿sabes esa calle que cruza la vía del tren? Pues pasé por allí anoche, venía de la tienda, de comprar algo para cenar y unos refrescos, y era un poco tarde, así que no había gente andando por allí. Entonces resulta que me encuentro una chica que está allí tumbada en un portal, en camisón, retorciéndose y gritando como una histérica. Yo solté la bolsa y me acerqué corriendo, para ver que le pasaba. Estaba toda blanca y con las venas marcadas, como si la acabaran de sacar de un iceberg, y gritaba, creo que llamaba a alguien. Cuando ya estaba casi sobre ella, le grité, “¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¡Tranquila!”. Entonces de repente, con un crujido que fue como si se le hubieran roto todos los huesos, se detuvo. Se quedó tumbada en el suelo sin decir nada, como si hubiera palmado al momento, ¿sabes? Me dejó acojonado. Y se me quedó mirando. Tenía los ojos hinchados y completamente negros, y me miraban fijamente, casi me cago. Cuando estaba a punto de salir corriendo, coge y me dice “Por favor, hazme mujer.”
-¿Te estás quedando conmigo?
-No, de verdad, fue lo que me dijo. Creía que me iba a matar o algo así, y me pidió que me la tirara. Entonces se levantó el camisón y vi sus muslos, eran flacos y pálidos como los de un cadáver, y en medio de los dos lo que vi fue una sombra oscura extraña, ¿sabes? Como cuando censuran una película porno con una mancha negra, pero en la realidad, y daba mucho más mal rollo. Aunque tenía su gracia.
-…
-No me mires así, Ryuji. Verás, tenía unas películas porno en mi apartamento de estudiante y planeaba verlas al llegar a casa, estaba cachondo. Además, ya sabes que nunca me HABÍA acostado con una tía, ¡tenía muchas ganas! Y parecía tan ansiosa… Tenía mucho miedo, no lo niego, pero aun así no pude resistirme.
-¿Cómo fue?
-Un poco raro, la tía tenía la voz cascada, y cuando gemía sonaban cosas raras, como chasquidos, rugidos de animal, y así. Además cuando terminé, me desmayé, y lo siguiente que supe fue que eran las 12 de la mañana y yo estaba durmiendo en un banco.
-Takanaka, tío… ¿qué coño te tomaste?


-Escúcheme con atención, señor Takanaka. Restos de lo que ha sido identificado como su semen fueron encontrados en el cadáver de la menor de edad Hachiko Yumi. Sin embargo, estos restos son mucho más recientes que el cuerpo. Explíqueme como llegaron allí.
-Verá, agente…

jueves, junio 04, 2009

A gustos, colores

Seguramente, algunas personas de escasa catadura moral crean que el hecho de ser un asesino en serie va acompañando de una liberación completa de las cadenas que atan el espíritu, por ser una actividad que choca tan de frente con todas las convenciones sociales y morales. Sin embargo, la vida de Francis no era en absoluto liberadora, o al menos durante la mayor parte del tiempo, teniendo en cuenta no solo que tenía que impedir que le atraparan, como cualquier otro asesino, si no también que las víctimas que necesitaba no abundaban, ya que Francis solo se excitaba al asesinar chicas con Síndrome de Down. Estaba siempre en movimiento para no dejar un rastro, y era desesperante buscar mujeres con el síndrome en cada ciudad nueva.

Pero Francis no había empezado a excitarse con la muerte de la noche a la mañana, primero empezó por la pornografía. Descubrió unos videos ilegales en internet llamados "Dildown" en los que chicas con Síndrome de Down eran violadas por máquinas automáticas que manejaban grandes consoladores negros. Aquello le excitó entonces, pero pronto necesitó más, algo mucho más extremo, y también más personal. Aunque, ¿por qué no? Últimamente, también había empezado a grabar sus actuaciones en video, con la esperanza de que algún día llegaran a manos de algún chico como él, y que así, al menos, este no se sintiera tan solo como él lo hizo. La vida es difícil para aquellos cuyos gustos se desvían de la norma, como los homosexuales, los fans de la ciencia ficción, o los asesinos en serie de subnormales.

En la pequeña población en la que Francis se encontraba ahora, no le había resultado muy difícil encontrar a la única señorita con Síndrome de Down del pueblo, aunque sí que había sudado mucho para secuestrarla sin que nadie se diera cuenta. Sin embargo, todos los esfuerzos y penurias por los que pasaba se veían compensados con la brutal tortura a la que sometía a su víctima, momento placentero y excitante en el que el acto de hacer sufrir a aquellas criaturas desgraciadas le colmaba de felicidad. Él no las tocaba en el sentido sexual, ya que realmente no le excitaba fornicarlas, aunque a veces sí que las violaba con cuchillos o grandes tuberías oxidadas.

En esta ocasión, le estaba cortando las piernas a su víctima con una sierra eléctrica, en un pajar abandonado al que la había llevado. Para que la cámara no captara su identidad, Francis llevaba una máscara de cerdo, y gritaba "Oink, Oink" mientras mutilaba a la chica. Cuando observaba esas piernas peludas, amorfas y sangrantes, y miraba la cara de desesperación y terror de aquel ser humano que apenas podía comprender una suma, y mucho menos el por qué le estaban seccionando las extremidades, Francis solo podía pensar en seguir, en cortar y cortar, hasta que dos muñones sangrientos se agitaran desesperadamente antes de detenerse para siempre, mientras los gemidos de dolor y terror emitidos a través de aquella boca retorcida se terminaban para siempre, y sus ojos vacíos de inteligencia, pero repletos de miedo, pasaban a ser, simplemente, viscosos órganos sin vida alguna.

¡Qué feliz hizo a Francis aquella mujer!

Sin embargo, todo lo bueno acaba, y nuestro peculiar protagonista tuvo que olvidarla, y partir hacia el horizonte en busca de un nuevo hogar, o, mejor dicho, de una nueva víctima. ¿Qué aventuras viviría Francis desde aquel día? Solo él lo sabría, y sus víctimas, vaga pero intensamente, también.