miércoles, febrero 20, 2008

El legado del pepinillo

La noche caía y Ed se preguntaba si esta vez le volvería a pasar. Hace dos noches de luna llena, como la de hoy, un pepinillo gigante con rasgos monstruosos le había atacado, y aunque había sobrevivido al ataque, se había llevado un buen mordisco. La herida cicatrizó, pero durante la siguiente noche en la que la luna llena se había alzado en el cielo, Ed sufrió cambios increíbles. Su piel se volvió verde y dura, su pene se convirtió en un pepinillo, sus colmillos crecieron y sus ojos también, volviéndose rojos. Había sido mitad hombre, mitad pepinillo, y había sentido unas ansias irrefrenables de matar y de fornicar con cadáveres. Al día siguiente se había despertado en una conservera de pepinillos, yaciendo junto a una joven destripada, a la que había agredido poseído por su furia pepiníaca. Sí, Ed se preguntaba si esta noche volvería a pasar, y se preguntaba cómo podría librarse de su mal, si es que se iba a repetir cada ciclo lunar.

No se había atrevido a hablar con nadie de su problema, ya que lo encerrarían por loco. Sin embargo aquel día, poco antes de que anocheciera, encontró algo en internet que podría estar relacionado: un hombre afirmaba vender un pepinillo poseído por el demonio, por el mismo Satanás. Obsesionado por su problema, Ed ni siquiera pensó que pudiera tratarse de una broma, y decidió enviar un mensaje al vendedor: le dijo que quería saberlo todo sobre aquel pepinillo maldito.

Minutos más tarde, alguien llamó a la puerta de Ed. Cuando abrió, ya no había nadie, tan solo una rodaja de pepinillo sobre el felpudo. Pero no era una rodaja normal, los agujeros de su centro formaba una expresión diabólica, demoníaca; aquel redondel verde tenía algo que disparaba los miedos más profundos e irracionales de Ed. Entre temblores la recogió, y le preguntó: "¿Puedes oírme?".

-Por supuesto, Ed. -El hombre dio un respingo cuando la rodaja le habló telepáticamente. Sintió en su cabeza que su voz era grave, vieja y poderosa.- Soy un antiguo demonio sumerio capturado desde hace eones aquí, en este pepinillo carente de poder, pero pronto mi liberación y retorno serán un hecho. He venido atraído por tu poder pepinar: no temas, lo que te pasa no es un problema, si no una bendición. Pronto, un nuevo régimen pepiníaco se instaurará, y tu serás mi hombre de confianza, y uno de los miembros de la raza superior. Solo debes hacer una cosa, Ed, ayúdame con tu poder a liberarme de esta prisión vegetal, yo te indicaré cómo hacerlo.

Ed estaba pasmado, pero supo que había verdad en las palabras de aquel ser. Desde aquel momento supo que debía dedicar su vida a servir al poderoso pepinillo, y cuando sintió que la luna había salido ya y la transformación comenzaba de nuevo, no la rechazó, si no que la acogió como se acoge a una nueva amante. Así comenzó el fin de los tiempos.

Adorad al pepinillo demoníaco, su nuevo orden está cerca.

miércoles, febrero 13, 2008

Haciendo historia

Benicio cogió al bebé y le metió los dedos en los ojos hasta el fondo, para establecer el primer contacto con los espectadores y llamar su atención. Sonó como cuando aplastas un caracol. La madre se quedó paralizada, pálida, no sabía cómo reaccionar. A continuación, Benicio se bajó los pantalones y se introdujo la cabeza del bebé por el culo. Era doloroso, pero había estado practicando con botellas. Luego apretó tanto el conducto anal que aplastó la cabeza por completo, se vió reducida a una masa viscosa con muchos tropezones que manaba de entre las nalgas de Benicio. El cuerpecito descabezado yacía ahora en el suelo y la cascada caía sobre él, sepultándolo parcialmente. En el parque algunos gritaban, otros lloraban, otros solo miraban estupefactos, con una expresión de horror absoluto en sus rostros. Con los pantalones bajados y el culo húmedo y muy dolorido, Benicio se acercó al tobogán donde había dejado la cámara, y la apagó. ¡Esta iba a ser la mejor grabación en la historia de Vídeos de Primera!

sábado, febrero 09, 2008

La era del vampiro

Killy es un vampiro, y odia profundamente a los humanos. Y aunque él no lo reconozca, se siente ofendido por la concepción que tienen estos de la raza vampírica. Gente comedida, que se pasea pomposamente, seduciendo a las mujeres con suaves palabras, y pinchándolas con sus pequeños colmillos, para extraer sangre a través de dos agujeros no más gruesos que un alfiler. ¡Ridículo! ¡Absurdo!

La sola idea de beber sangre como si la sorbiera de una pajita, de aquel modo tan respetuoso con el humano y con su sociedad, le asquea profundamente. Para que Killy pueda satisfacer sus impulsos vampíricos, asesinos, aquellos que lo han mantenido con vida desde hace milenios, debe destrozar a sus víctimas, bañarse en su sangre, devorar sus tripas, desgarrar sus órganos. El placer está en el exceso, en entregarse por completo a la destrucción. ¿Qué sentido tiene un asesinato respetuoso? ¿Qué placer se puede obtener de un alimento que se toma con cuentagotas, cuando desde el interior el cuerpo, o quizá el alma, nos ruje y araña, pidiendo más y más?

¡Estúpidos! Los humanos son estúpidos, en especial aquellos que admiran a sus falsos vampiros mediáticos, su versión tan benevolente para con sus víctimas. Incluso hay, para ellos, vampiros "buenos", que no matan hombres o mujeres. ¡Jajaja! Killy participó en las más brutales orgías en la época del Imperio Romano, y en las más desenfrenadas misas negras durante la Edad Media. Combatió en las más sangrientas batallas de la historia solo por placer, y sobre todo asesinó sin más a cientos de miles de personas, de formas que harían vomitar al más curtido veterano de guerra. Es lógico que el concepto le resulte ridículo.

Muy pronto se reunirá con sus hermanos, y comenzará el fin del mundo del hombre, tal y como lo han planeado. Juntos convertirán el planeta en un lugar mejor. Un lugar que rebosará muerte, sufrimiento y destrucción. Un lugar feliz.

sábado, febrero 02, 2008

La fábula de los bebés vomitados

-Bueno, ¿a alguien le quedan ganas de cenar?

Los soldados rieron. El Sargento de caballería McReady había devorado pedazos de bebés indios mientras aún vivían, luego los había vomitado, y en aquel momento obligaba a sus madres desnudas, atadas, heridas y violadas a ingerir la papilla resultante.

-Hmmm, parece muy rico. -Decía McReady mientras le introducía la cuchara en la boca a una aterrorizada india, que expulsaba por las comisuras de sus finos labios el viscoso líquido rojo y amarillo.- Te lo tienes que comer todo. Mira, ¿ves como lo hago yo?

McReady, que tenía un restaurante, descubrió al degustar detenidamente la mezcla que, curiosamente, los bebés indios mezclados con sus jugos gástricos tenían un sabor bastante bueno. No era perfecto, pero se podría mejorar. Lo produciría en cadena: secuestró a unas mujeres indias en edad de merecer y a un joven fornido, a los que usaría como ganado para obtener bebés.

McReady añadió ciertas especias a su mejunje y lo convirtió en una especie de salsa que añadía a sus platos: su restaurante pronto se convirtió en el más popular del Oeste, y más tarde en una cadena de alimentación tan exitosa que ha durado hasta nuestros días. Aún hoy, los descendientes de McReady son los únicos que conocen el ingrediente secreto, que muchos de nosotros devoramos inconscientemente con gran placer.

Moraleja: Lo que no mata, engorda.

lunes, enero 28, 2008

De compras

-Este hacha es la bomba, no sé si usted me entiende. Mire, tiene un equilibrio ¿eh? Perfecto. Además con esta hoja le corta el brazo a uno de un golpe, si quiere.
-¿Puedo probarla con usted antes de llevármela?
-Jaja, claro, hombre.

Ernesto le clavó la hoja del hacha en el hombro al tendero, seccionándole por completo el brazo. El tipo había dicho la verdad. Mientras la víctima chillaba mirando su muñón sangriento, Ernesto le golpeó en la cara y lo ató auna silla con alambre. Después violó a la mujer del hombre, que también trabajaba allí, mientras este miraba, pálido y medio inconsciente debido a la herida y a la cantidad de sangre perdida. Cuando Ernesto terminó, mató a la mujer clavándole el hacha en medio de la frente. Luego empujó la hoja con fuerza, como si cortara queso con un cuchillo, hasta que hubo atravesado la mitad delantera de la cabeza de arriba a abajo: parecía que el hacha era buena de verdad. Entonces separó con las manos las dos mitades entre crujidos, empapándose en sangre los dedos que se introducían en la cara partida, y llevándoselos a la boca luego. Aquello pareció gustarle, tanto que empezó a recoger pedazos de cerebro y a hacer lo mismo con ellos. Se levantó mientras los comía, y se situó frente al aturdido vendedor, que veía como Ernesto masticaba goloso los sesos de su mujer mientras enarbolaba otra vez el hacha. El tendero, haciendo un esfuerzo, levantó la cabeza y dijo:

-Bueno, ¿entonces se la lleva?

jueves, enero 24, 2008

Nostalgia

Cuando era pequeño, mi padre mató a mi madre ante mí. La ató y le abrió el estómago con un cuchillo oxidado, luego le sacó las entrañas y las puso en un bol con leche. Me dijo: "Es la hora de desayunar". Me tuve que comer las tripas con cuchara, aunque al menos mi padre me dejó ver Punky Brewster mientras tanto. ¡Era buenísima! Ya no hacen series como esa. Recuerdo que dejé el bol limpio.

domingo, enero 20, 2008

El dia más feliz de su vida

-¡Esto no es lo que me habías prometido! -Exclamó el pederasta.
-Bueno, es una niña de 8 años, ¿no? -Contestó el traficante.

Aquella niña era horriblemente deforme. Tenía los rasgos faciales descolocados, y rodeados de aberturas por las que expulsaba sangre y pus. Sus enormes brazos partían de un tronco esquelético, sus pocos dedos ni siquiera estaban enteros, y bajo su ombligo lo único que se discernía era una masa informe, rojiza y palpitante, que ocupaba el lugar de las piernas.

-Joder, qué asco. ¿Pero hay algo penetrable ahí debajo?
-Por supuesto, nunca te engañaría en eso.
-En fin, a caballo regalado... -Dijo el pederasta, mientras se desabrochaba el pantalón.

-Disfrútalo. -Le dijo el traficante a la niña deforme.- Porque jamás van a volver a querer metértela.